viernes, 27 de noviembre de 2015

Recursos educativos para Gumbys curiosos

...and we're gonna learn how to use it!

La última de las entradas de Profesor Gumby o la inesperada virtud de la enseñanza que va a tener un origen puramente académico —quién sabe si esta aventure bloguera continuará en un futuro no muy lejano—, pretende que realicemos un listado de referencias a sitios web sobre innovación educativa, o bien a recursos de interés para la docencia en secundaria.

Evidentemente, las posibilidades de búsqueda son ilimitadas, como también lo son sus resultados. De modo que, dependiendo del fin que persigamos, podemos encontrar multitud de herramientas online que adaptar a nuestras necesidades. En esta ocasión, y como no podía ser de otra manera, voy a centrarme en una serie de recursos relacionados con la Historia del Arte.

Google Art Project


Google Art Project es el paraíso de cualquier historiador del arte. Contiene una recopilación de imágenes en alta resolución de obras de arte pertenecientes a las colecciones de un buen número de museos a lo largo y ancho del mudo, entre los que se encuentran instituciones de la envergadura de la Tate Gallery de Londres, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, o la Galería de los Uffizi de Florencia.

La web nos permite visualizar las obras de arte y la información referente a las mismas, dándonos la opción de almacenarlas en una galería de usuario, pudiendo crear así nuestra propia colección virtual de arte. Asimismo, también se nos ofrece la posibilidad de realizar recorridos virtuales por las salas de algunos de los museos que forman parte del proyecto.

Pese a que, como decíamos, todas las imágenes están en alta calidad, quizá el reclamo más llamativo de Google Art Project sean sus imágenes gigapíxel: fotos de entre 7.000 - 14.000 millones de píxeles. Quizá viendo las cifras no os hagáis una idea de la magnitud de esta característica, pero si pincháis en este enlace podréis comprobar con qué nivel de detallismo se pueden observar obras como El nacimiento de Venus de Botticelli. Impresionante.

Resumiendo, Google Art Project es una herramienta perfecta para el profesor de Historia del Arte, ya que las posibilidades de visualización de obras artísticas y museos que ofrece son magníficas. Como para pasarse horas y horas haciendo zoom sobre las piezas...


La Luz en el Arte


De un proyecto de dimensiones colosales como es el de Google pasamos ahora a otro mucho más modesto, pero no por ello menos interesante, llamado La Luz en el Arte

La Luz en el Arte es un recurso didáctico que pretende explicar el uso de la luz natural y artificial en el arte de una manera dinámica y entretenida. Obra de Alfonso Romero Homar, y ganadora del Tercer Premio a Materiales Curriculares 2007 entregado por el INTEF (Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado), La Luz en el Arte es una aplicación que permite interactuar con los contenidos por medio de una serie de infografías que ilustran a la perfección los distintos modos de empleo de la luz en la pintura.

La Luz en el Arte cuenta con un diseño intuitivo, la materia está organizada de tal modo que resulta muy fácil de asimilar, y además la aplicación viene acompañada de una serie de cuestionarios que permiten comprobar si se han entendido bien los contenidos. Igualmente, cuenta con un sistema de evaluaciones dirigidas tanto a profesores como a alumnos, que pretenden valorar la utilidad de la aplicación.

Aunque se trata de un recurso muy concreto, resulta interesante por la manera en que aborda la interacción con el alumno, y podría tomarse como modelo para elaborar otras aplicaciones centradas en profundizar en otros aspectos de la asignatura.


Claseshistoria.com


Para el final hemos dejado el recurso online más clásico y, quizá, el más recurrente: la página web con material para complementar y trabajar los contenidos adquiridos en la asignatura de Historia del Arte.

Claseshistoria.com es una de tantas webs dedicadas a acumular recursos para el estudiante de la ESO y Bachillerato. En la línea de otros espacios como Profesorfrancisco.es, la página ofrece unidades didácticas de distintas materias del ámbito de las Ciencias Sociales, mapas conceptuales, ejercicios interactivos, glosario de términos, y toda una serie de recursos audiovisuales con los que complementar la experiencia de aprendizaje de las asignaturas.

En esta línea, también nos gustaría destacar la página web Cine y Educación, que recoge toda un conjunto de referencias cinematográficas con las que trabajar no sólo el temario de Geografía e Historia, sino muchos otros aspectos del currículo de la ESO. Especial interés para nuestra disciplina tienen las secciones de "El cine y el arte", "Pintura y cine" e "Influencia de la pintura en los cineastas". A través de estos apartados se analizan los biopics de artistas como medio para que el alumno conozca a los protagonistas de la Historia del Arte, y también la influencia de determinados estilos pictóricos y su reflejo en el tratamiento de la fotografía de diferentes filmes, lo que permite conectar arte y cine y facilita el aprendizaje de conceptos como el tratamiento de la luz, el color, etc.

Gene Kelly en Un americano en París, recién salido de un lienzo de Toulouse Lautrec.

El número de blogs dedicados a la función de acumular recursos es incontable, pero siempre debe tenerse en cuenta que antes de recomendarlos a nuestros alumnos, o de servirnos de los materiales que nos ofrecen para impartir nuestras clases, debemos analizarlos de manera crítica, no tanto en materia de forma sino en lo que a contenidos se refiere. 


A partir de aquí, sólo puedo desear suerte a los futuros docentes a la hora de navegar por la red en busca de herramientas docentes. Y, por supuesto, toda novedad que encontréis a este respecto siempre será recibida por el resto de la comunidad educativa, así que si encontráis algún recurso interesante... ¡compartidlo!

Las TIC en el aula: docencia en la Era Digital


A día de hoy parece impensable dar una clase sin ayuda de, como mínimo, un PowerPoint. Cuando todavía estaba en el instituto no todos los profesores necesitaban del apoyo de una presentación para impartir sus lecciones, salvo casos muy concretos como Historia del Arte, pero en la carrera era raro el que no proyectaba diapositivas de fondo para ayudarse (y ayudarnos) a seguir el hilo de las explicaciones.

Este fenómeno no es algo que se reduzca, ni mucho menos, a carreras en las que la imagen es un elemento esencial para entender la materia, sino que hoy día las presentaciones en PowerPoint son un requisito cuasi indispensable para una buena clase de la disciplina que sea. Al fin y al cabo, los que ahora somos estudiantes nos hemos criado (y las nuevas generaciones están creciendo) dentro de una cultura en la que el estímulo visual es fundamental para captar y retener la atención del individuo.

Y cuando creíamos que los PPT eran el último grito en materia de presentaciones, llegó Prezi...

De todas formas, restringir el concepto de las Tecnologías de la Información y la Comunicación al uso del PowerPoint es quedarse muy corto.  La aplicación de las nuevas tecnologías en la educación va mucho más allá. Como ejemplo, vale para comprobar que de un tiempo a esta parte las clases "a la antigua usanza", esto es, la dinámica de trabajo en el aula basada en explicaciones con libro y pizarra, ha quedado obsoleta. El sentido o propósito fundamental de la educación sigue siendo el mismo, desde luego: formar a las nuevas generaciones. Sin embargo, la manera de enseñar y aprender cambia, se encuentra sometida a un proceso continuo de adaptación a los tiempos que nos toca vivir. Por eso debe aprovechar cuantos recursos vayan poniéndose a su alcance, con el fin principal de mejorar la experiencia de alumnos y profesores.


Actualmente, muchas instituciones educativas cuentan con plataformas digitales donde todo tiene cabida. Si habéis pasado por la universidad recientemente seguro que estaréis familiarizados con entornos virtuales de aprendizaje como Moodle o Sakai, plataformas que trasladan la experiencia académica al ámbito online permitiendo compartir recursos de todo tipo, entregar trabajos, realizar exámenes, debatir en foros, recibir correo, y un largo etcétera de posibilidades que no tendría sentido consignar aquí pero que sirven, es indudable, para complementar el proceso de formación de los alumnos, y facilitar y mejorar su experiencia en la universidad. Pero eso no es todo.

En los últimos años ha habido un auge de los cursos de formación online. ¿Por qué? Porque no dejan de ponerse en funcionamiento recursos y sistemas digitales que permiten que la dinámica de enseñanza/aprendizaje pueda virtualizarse manteniendo los estándares de calidad necesarios para asegurar el éxito y la efectividad de la misma. La innovación tecnológica puesta al servicio de la educación, ¿qué más se puede pedir?



No voy a entrar a debatir si las TIC pueden llegar a ser un arma de doble filo si se depositan en las manos equivocadas o, más bien, si no se aprende a utilizarlas correctamente o a sacarles el máximo partido. En mi humilde opinión, el uso de las nuevas tecnologías en el aula es algo absolutamente necesario y, además, muy positivo. El docente, desde luego, necesita saber cómo introducirlas en el proceso de enseñanza para que los alumnos saquen el máximo provecho de las mismas, y por eso es indispensable hacer hincapié en la investigación dentro de este campo, así como en su integración dentro del proceso formativo de los futuros profesores.

Desde el momento en que la LOMCE recoge, entre las siete competencias clave del currículo esas que, según la Unión Europea, son indispensables para lograr que el individuo alcance un pleno desarrollo personal, social y profesional que se ajuste a las demandas del mundo en que le ha tocado vivir–, la competencia digital, el profesorado queda igualmente obligado a adquirirla. ¿Cómo vamos a enseñar basándonos en competencias que no manejamos?

Si queréis consultar el resto de infografías –realizadas por el CNIIE– que explican
cada una de las siete competencias que establece la LOMCE, podéis pinchar aquí.

"La competencia digital", reza la Orden ECD/65/2015, donde se describe la relación entre las distintas competencias, los contenidos y los criterios de evaluación del Sistema Educativo, "es aquella que implica el uso creativo, crítico y seguro de las tecnologías de la información y la comunicación para alcanzar los objetivos relacionados con el trabajo, la empleabilidad, el aprendizaje, el uso del tiempo libre, la inclusión y participación en la sociedad".

Si algo, como en este caso las TICs, tiene el potencial para convertirse en una herramienta útil al alcance de nuestros alumnos, con cada vez más relevancia dentro de la sociedad, ofreciendo un número ilimitado de posibilidades, y pudiendo suponer una mejora significativa de su experiencia de aprendizaje, es nuestro deber como docentes implementar su uso y aprovechamiento dentro del aula.

De esta manera, conseguiremos que las nuevas tecnologías tengan un impacto positivo en la dinámica de enseñanza-aprendizaje. En mi opinión, el manejo de estas herramientas no hace sino motivar a los alumnos, ya que aproxima su experiencia académica al "mundo informatizado", por así llamarlo, en el que ya de por sí están creciendo y aprendiendo a desenvolverse. Todo lo que suponga estimular el interés del alumno resulta fundamental dentro de un contexto educativo en el que, como se empeñan en recordarnos –porque, desde luego, no es algo que deba perderse de vista en ningún momento–, el fracaso escolar y la falta de motivación están a la orden del día.



Por tanto, sí: las nuevas tecnologías afectan a la enseñanza. La medida en que este impacto pueda ser más o menos positivo queda bajo nuestra responsabilidad, como profesores que somos. Nuestro objetivo no deja de ser el de formar a nuestros alumnos de cara al futuro, ayudándolos a interactuar con el mundo que los rodea. Por tanto, somos nosotros quienes debemos hallar la forma de sacarles el máximo partido a las TICs y ponerlas al servicio de nuestro trabajo, para mejorar tanto nuestra labor docente, como la experiencia académica de nuestros alumnos. Así, estaremos contribuyendo a que el día de mañana sean ellos quienes sepan, por cuenta propia, aprovechar todos los recursos que la Era Digital pone a su disposición.

Matrix no está tan lejos...


PROXIMAMENTE...

Innovación educativa y recursos para docencia en secundaria.
Porque Internet es muy grande, y a veces no viene mal que nos den un par de pistas para saber por dónde empezar a buscar recursos para emplear en nuestras clases de ESO y Bachillerato.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Mi nombre es Íñigo Montoya...


Except, not really.

No, mi nombre no es Íñigo Montoya, y el propósito que persigo con la creación de este blog tampoco es vengar la muerte de mi padre. Decepcionante, ¿verdad? Lo es. Pero vais a tener que perdonarme si a estas alturas del partido, y por mucho que la génesis de este espacio sea de carácter eminentemente académico, me tomo las cosas con un poco de humor.

Antes de que una legión de blogueros stultos aparezca blandiendo antorchas y bieldos, me gustaría aclarar de manera oficial que no, no le estoy siendo infiel a La Catarsis Erasmista. Nuestro resquicio pseudohumanista por excelencia sigue plenamente operativo, y así continuará per saecula saeculorum o, como decían los galos, al menos hasta que el cielo caiga sobre nuestras cabezas.



Bromas aparte, vamos al meollo del asunto.

Me llamo Iris (no Íñigo Montoya), tengo veintitrés años, y soy Graduada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. No pertenezco a ninguna especialidad concreta, porque tuve a bien cursar optativas de todos los itinerarios posibles, pero eso no es algo de lo que me avergüence. Más bien al contrario.

En cualquier caso, lo que me trae hoy aquí no son mis desventuras complutenses, sino  mi ocupación académica actual, y es que desde el pasado septiembre estoy cursando el Máster Universitario de Formación del Profesorado de Educación Secundaria, Bachillerato, FP e Idiomas en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Ésta es mi cara de ser feliz en vacaciones. En época lectiva tengo más ojeras.

Entre las tareas que nos están mandando realizar en el máster, que no son pocas (gracias, Plan Bolonia), se incluyen aquellas relativas a la asignatura de Innovación educativa y TICs aplicadas a la enseñanza. Huelga decir que la creación de este espacio es una de ellas. ¿A santo de qué, si no, iba yo a emprender un nuevo proyecto bloguero? Creo que con esto queda todo aclarado. Ya podéis bajar las armas, exaltados stultos.


En esta primera entrada de Profesor Gumby o la inesperada virtud de la enseñanza (hay que ver lo que está dando de sí el título de la película de Iñárritu), se supone que debo presentarme y explicar por qué estoy cursando este máster. Lo primero ya lo he hecho, así que vamos a dar paso al siguiente punto sin más dilación.

¿Qué razones me han llevado a cursar el Máster de Formación del Profesorado? Ojalá lo supiera.

Aunque, a decir verdad, sí lo sé. Desde que tengo uso de razón he querido dedicarme a la enseñanza. Antes incluso de haber decidido qué quería estudiar –arduo proceso que me llevó a coquetear con disciplinas como la Biología, la Psicología, la Filología y la Música– sabía que, eligiera lo que eligiera, quería estudiarlo para poder transmitir ese conocimiento a otros.

Cuando por fin me decanté por la Historia del Arte no lo hice porque fuera una carrera "muy bonita", que parece ser la única cualidad que el ciudadano medio de a pie asocia a esta disciplina (ésa, claro, y la de que "no tiene salidas"). No me malinterpretéis: la Historia del Arte es preciosa, como lo es toda disciplina humanista, pero mi objetivo principal al cursar esta carrera era dar clases en un futuro no muy lejano.


Gran parte de culpa de que esté hoy cursando este máster la tienen los docentes con los que me he cruzado a lo largo de mi trayectoria como alumna. Aunque muchos compañeros recuerdan el instituto como una etapa más o menos traumática de sus vidas, para mí los años que pasé en la ESO y Bachillerato supusieron un proceso de crecimiento y madurez académica y personal que me ha convertido en el proyecto de persona adulta que soy hoy en día. Y los responsables de que recuerde con tanto cariño esta etapa académica son, mayoritariamente, mis profesores.

No en vano, mi dedicatoria del TFG reza así:
«A los cuatro pilares de mi experiencia académica: a Fernando, por guiarme pacientemente a través de los años; a José Ángel, por fracasar en su empeño por apartarme de su camino; a Carlos, por abrirme los ojos (y los oídos) ante el mundo del inmortal Bardo; a Jose, por ampliar las fronteras del arte y convertirlo en un todo. A vosotros, gracias por ser la génesis de este trabajo.»
Quizá no haya sido buena idea dejaros leerla porque ahora podéis tacharme de sensiblera, y con razón (aunque todavía no he llorado con Titanic, pero porque todavía no la he visto). No obstante, eso no me hará cambiar de opinión con respecto a la importancia del papel que estos y otros profesores han jugado en mi formación.

¿A dónde nos dirige todo esto? Al hecho de que yo también quiero ser uno de esos profesores que marcan la diferencia en la vida académica de sus alumnos. No tengo más pretensión en mi carrera profesional que la de ser un docente que consiga que los estudiantes tengan fe en el valor y el poder de la educación. Me gustaría poder demostrarles hasta qué punto es fundamental esa formación que están recibiendo en el instituto, y cómo resulta indispensable que el proceso formativo tenga continuidad fuera del aula, si no de manera autónoma sí por iniciativa propia, orientándolo hacia los intereses particulares de cada uno.

Partiendo de la famosa máxima "aprender a aprender", siento y creo firmemente que debo insistir en "entender la importancia de aprender".


Más allá de impartir una serie determinada de conocimientos a los pobres chiquillos que pasen por mis manos en los institutos, me gustaría que mi labor sirviera para abrir las puertas del conocimiento a los alumnos. "Hay mucha información ahí fuera y está al alcance de todos vosotros", podría decirles. "Aquí tenéis herramientas y unas pequeñas directrices para que podáis embarcaros en la aventura de descubrir hasta donde podéis llegar". Por muy humilde que pueda aparecer mi aportación en ese sentido, me parece indispensable para tratar de conseguir que a las nuevas generaciones de alumnos les pique la curiosidad por el estudio y la investigación.



Pero recuperemos el tono distendido antes de que esto se convierta en un alegato sentimentalista lo suficientemente plomo como para acabar de un plumazo con todas mis oportunidades de conseguir un trabajo en el futuro.

El caso es que quiero ser profesora. Aquí, en Irlanda, o donde me dejen, si es que me dejan en algún sitio. Quiero ponerle a mis alumnos el Hércules de Disney para repasar los atributos iconográficos del panteón griego. Quiero llegar un día a clase con una Xbox debajo del brazo y decir que el primero que acierte el diámetro del tambor de la cúpula del panteón de Agripa consigue cinco minutos para escalar por dentro de la misma con Ezio Auditore mientras recordamos qué diantres era un casetón, y un óculo. Quiero que mis alumnos vean este vídeo cuando estén saturados de arte contemporáneo, y que al menos se echen unas risas a costa de Picasso pedaleando por Inglaterra...


Y así, hasta que el cuerpo aguante.


Si sabré o no defenderme delante de una clase de treinta alumnos en la edad del pavo todavía está por ver, así que podemos, si os apetece, abordar el tema en futuras entregas. Al fin y al cabo, el 11 de enero (día después de la gala de los Globos de Oro, no os digo nada y os lo digo todo) dan comienzo mis prácticas del máster. Hasta entonces, que Ningirsu se apiade de mi alma pecadora mientras leo y analizo PECs, PGAs, POAPs, PATs, RRIs y documentos semejantes.

En manos de la LOE y la LOMCE encomiendo mi espíritu. 



PROXIMAMENTE...
(de hecho, y a poder ser, mañana)

¿Cómo afectan las nuevas tecnologías a la docencia y el aprendizaje?
Breve reflexión (y susceptible de ser evaluada, me temo) sobre el maravilloso mundo de las TICs.